Porque eres «Una Buena Mujer»
Cuando Silvya conoció a Alonzo pensó que empezaba a vivir su propio cuento de hadas, «todo era perfecto», repite una y otra vez en medio de la narración de su desgarradora experiencia; esa noche la joven de 30 años, había sido atacada, maltratada, humillada, golpeada, torturada y secuestrada, había vivido una pesadilla de la que quería desesperadamente despertar, en especial porque esa noche, su príncipe azul se había convertido en un villano. Aun después de todo lo que su agreor le había hecho, Silvya se negaba a creer que Alonzo era en realidad un monstruo cruel, inhumano, frío, brutal, y despiadado que exigía que ella sola y por su propia boca se condene a los abismos del infierno.
Según Sylvia, y en el relato parafraseado de la narrativa textual de la paciente; Alonzo era un hombre fuerte y atractivo, a Silvya la cautivó desde que se conocieron por su seguridad y la forma en que sabía llevar las situaciones para estar siempre en control, rara vez la dejaba decidir que harían o a donde irían en sus encuentros, a cambio decía estar absolutamente comprometido con la felicidad de Sylvia, en sus momentos a solas era dulce y atento, detallista, romántico y solícito; aparentaba complacer a su pareja en cada uno de sus deseos. Silvya estaba perdidamente enamorada de Alonzo e intentaba demostrarle cuanto lo amaba alienándose al más pequeño de sus caprichos, incluso adivinaba lo que él podría necesitar y lo preparaba o se lo compraba con una devoción más que tierna, maternal.


Uno de los peores tipos de Violencia es el GASLIGHTING, que consiste en atacar verbalmente, humillar y desacreditar a la pareja; mermando su autoestima y destruyendo su autoimagen hasta que la persona crea que el maltratante le agrede por su bien y que la víctima no solo es culpable del maltrato, sino que no merece nada, ni es nadie.
EL RELATO DE LA PACIENTE:
Estaba segura de que había encontrado al hombre de sus sueños y estaba dispuesta a demostrarle que merecía ser la madre de sus hijos.
Para este momento en la relación, Sylvia se había dado cuenta de que Alonzo la ponía a prueba una y otra vez, que era más que detallista, inquisidor y que cualquier falla de su parte, por pequeña o accidental, era severamente castigada. Inicialmente las consecuencias iban desde la indiferencia, hasta la distancia tanto física como emocional, el trato frío y severo donde él le recordaba que había fallado y que no merecía que él la convirtiera en su esposa, luego le describía los planes que habrían sido truncados por la perfidia de la muchacha y como él había escogido el anillo o planeado elaboradas propuestas de matrimonio que ahora nunca se llevarían a cabo. Con estos relatos, torturaba emocionalmente a Sylvia, quién desesperada por volver al idilio inicial buscaba redimirse con todo tipo de penitencias y confesiones. Poco a poco, Sylvia se acostumbró al maltrato verbal, emocional y psicológico, a los constantes interrogatorios y acusaciones infundadas, a pedir perdón sin entender bien de qué era culpable o incluso sabiendo que los crímenes que Alonzo le imputaba eran totalmente absurdos. Incluso llegó al punto de cortar todo contacto con sus amigos de sexo masculino, porque para Alonzo, ella era una mujer ladina y provocadora que esperaba a que él, textualmente; le diera la espalda para besuquearse con cualquier tipo disponible, incluyendo los amigos de su novio.
De pronto la calidad de noviazgo era una especie de galardón que Alonzo usaba como recompensa a una actitud radicalmente vasalla, y la total alienación de Sylvia a las exigencias de su pareja, por irracionales, desatinadas o extravagantes que estas fueran. En la intimidad cada momento era una sesión de entrenamiento donde Alonzo le reclamaba que tuviera que “educarla”, porque ella era un ser “tonto” que “no era capaz de razonar”, le frustraba que Silvya no pudiera seguir instrucciones tan simples como el de cercenar todo contacto con sus exnovios, ex enamorados, pretendientes, amigos que quisieran algo con ella, y cualquiera que en ese momento le pareciera a Alonzo que faltaba al respeto de la relación con su mera presencia. Fue así como Silvya se consagró en cuerpo y alma a su pareja, sin dejar que nadie se le acercara, incluyendo su familia, a quien Alonzo había insultado y desacreditado en presencia de Silvya, sin que ella moviera un musculo para defender ni a su madre, ni a sus hermanos por miedo a despertar la ira de Alonzo.
Sin embargo y pensé a todos los esfuerzos de Silvya por cumplir con cada exigencia, seguir al pie de la letra las instrucciones de Alonzo, una noche en medio de un juego, él aprovechó para golpearle mientras le repetía que a él nadie le levanta ni la mirada y que ella tenía que aprender a respetarle. Luego de esa dolorosa lección, él le obligó a terminar la relación porque era culpa de Silvya que ellos no pudieran estar juntos, y como siempre, le repetía que le había dado tantas oportunidades porque ella era “una buena mujer” y que solo por eso se tomaba el trabajo de intentar “educarle”, pero que ella simplemente “no razona”, que es “tonta” y que no merece que él pierda su tiempo en tratar de “disciplinarle”.
Como en ocasiones anteriores, Sylvia estaba condenada al exilio y desde esa noche Alonzo la sometería a la más fría indiferencia, ignorar sus llamadas y sus mensajes era solo el principio; a propósito, se paseaba cerca de la casa de Sylvia para traspasarla con una mirada dolorosamente ajena, no merecía ni el más mínimo de sus gestos. Mientras tanto, Sylvia seguía increpándose por la torpeza que le habría costado el caer de la gracia de su amado, todos los días se insultaba y se golpeaba por haber cometido un pecado tan grande como el de no cumplir a raja tabla cada uno de los mandamientos de Alonzo, si solo hubiera, si solo pudiera, si solo supiera…. Estas frases la torturaban cada momento mientras repasaba cada escena, escudriñando en sus gestos y en cada palabra los errores que habrían ofendido a Alonzo al punto de desterrarla del paraíso que él le había descrito en sus reprimendas, solo para que le doliera más el haber perdido semejante honor.
Cuando finalmente Alonzo accedió a concederle otra oportunidad, Silvya estaba extasiada, esta vez sería perfecta, aprendería a cerrar la boca y solo a hablar de las cosas que agradaban a su amado, sería la mujer que un hombre como él se merece y no dejaría que nada ni nadie le separe del amor de su vida y el futuro que casi se le escapa entre los dedos. Así pasó una semana de idilio, él había vuelto a ser el hombre dulce y enamorado, le llenaba de elogios y cumplidos, era “su muñeca”, la que siempre se viste a la moda y de marca, que tiene el auto, el departamento, el apellido, el cabello, los ojos, las uñas, el cuerpo perfecto, su mujer trofeo; y ella estaba feliz de completar el menaje de su amo siendo el objeto más preciado de su colección.
Lamentablemente todo llega a su fin, y esta LUNA DE MIEL no fue diferente, pasaron los días y la tensión volvió a sentirse en el ambiente, Silvya temblaba imaginando qué habría hecho para ofender a Alonzo, e intentaba compensar sus deficiencias siendo aún más cariñosa, más delicada y más atenta a cada gesto de su amo, pero todo fue en vano; una noche ella cometió la más grande de las transgresiones, y él no tuvo otro remedio más que enseñarle a no romper las reglas, Sylvia se había atrevido sostener un diálogo corto y amistoso con un ex novio que estaba pasando por una situación complicada. Pero para Alonzo ese era un pecado capital, el le había hecho jurar que no volvería a hablar con nadie de su pasado y que no osaría mencionarlos jamás.
En ese momento el príncipe de Sylvia se convirtió en su villano y con la cara trasfigurada habría empezado a golpearle, primero cachetadas y empujones que Sylvia intentaba esquivar, hasta que frustrado por la falta de cooperación de su “muñeca” decidió arrastrarla a la terraza del edificio donde empezó a darle de puñetes hasta que cayó al piso, ahí le pateaba mientras le increpaba su insolencia y le echaba en cara su perfidia; luego por consejo de la madre de Alonzo, la arrastró al cuarto de lavandería donde la encerró “para que nadie escuche sus gritos”. En vano Sylvia pidió que la madre de Alonzo la ayudara, la señora simplemente se retiró para que Alonzo pudiera continuar con la tortura, ahí en ese cuarto, Silvya permaneció desde las 8 de la noche hasta las 3 de la madrugada, de pie siendo golpeada, lanzada contra el piso y las paredes, fue pateada y Alonzo la ahorcaba hasta que Silvya estaba a punto de perder el conocimiento, solo para despertarla a golpes e insultos que le obligaba a repetir, esta tortura era su forma de “educarla”, y exigía que Silvya confiese que era “una mala mujer”, que era “una puta”, que era “tonta”, que “no razonaba” y que era “un peligro para la sociedad y que debía ser internada en un psiquiátrico.”
Pese a los gritos desesperados de Sylvia, a sus suplicas, a la confesión forzada que Alonzo le arrancó a golpes, y no contento con que repitiera todos los agravios y ultrajes que él exigía, Alonzo siguió humillándole, le exigía que le compense por sus músculos adoloridos de tanto golpearla, y luego volvía a atacarle, aunque había doblegado a Sylvia al punto de perder todo rasgo de dignidad y autorrespeto.
Finalmente decidió terminar el castigo e imponerle la pena más grande, el destierro de la vida de ensueño que el había planeado para ellos, ella no tendría el honor de ser su esposa, ni merecía ser la madre de sus hijos, luego de esa noche Alonzo se olvidaría de ella y Silvya tendría que vivir con el remordimiento de ser la única culpable de que su relación termine; entre lágrimas y ruegos, Silvya terminó con él y aceptó cargar con los pecados que su amo le había imputado.
Para sorpresa de Silvya, quien pensó que iba a morir; sobrevivió porque luego de que ella aceptara confesar todo lo que Alonzo le dictaba y habiendo aceptado separarse de él, fue liberada. Alonzo casualmente la dejó salir del cuarto de lavandería y solamente demandó que le llevabara a comprar tabacos, así estuvieron desde las 3 de la mañana hasta las 5 dando vueltas por algunas gasolineras y conversando en el auto de Silvya como si nada hubiera pasado, incluso permitía que ella se bajara a comprar los tabacos, posiblemente para establecer una coartada ya que nadie creería que la víctima de un secuestro saldría después de ser torturada a socializar con el agresor.
Sylvia llegó a su casa con el cuerpo lleno de moretones y fue por eso que la mañana siguiente la familia de Sylvia se enteró de lo ocurrido e inmediatamente decidieron que Silvya debía denunciar a Alonzo, tomaron cartas en el asunto y hasta intentaron encarar al agresor, obligaron a Silvya a realizarse un examen medico forense que sustente la denuncia, pero Silvya estaba segura de que todo lo que había pasado era su culpa y que Alonzo jamás le perdonaría si ella lo denunciaba, por eso se negó terminantemente a poner la denuncia y se enfrentó a los argumentaciones y amenazas de su familia con la esperanza de que Alonzo la perdonara.
Desde ese día, Sylvia pregunta todo el tiempo si cada persona que habla con ella , si creen que Alonzo va a volver, y busca la forma de ganarse el perdón de Alonzo escribiéndole mensajes de arrepentimiento y promesas de una vida de contrición dedicada a complacerle. Alonzo únicamente respondió, te perdono.
ANALISIS DEL CASO:
Silvya estuvo en una relación de dependencia tóxica por 5 años, en ese tiempo fue víctima de VIOLENCIA DE GÉNERO por causa de un Síndrome de Agresión a la Mujer. La paciente tiene una estructura HISTÉRICA que implica que mantiene su deseo como insatisfecho, esto la hace vulnerable y atractiva a depredadores como el agresor, quienes usarán la imagen fantástica de una vida perfecta como el premio inalcanzable que mantiene a la paciente siempre en falta. Es posible argumentar que el tipo de histeria es el de la BELLA Y LA BESTIA, donde el goce de la histérica está en la narración repetitiva, descriptiva y detallada del acontecimiento violento, de esa forma en el goce recóndito se da una suerte de desahogo de la pulsión.
Silvya es una más de las víctimas de VIOLENCIA CONTRA LA MUJER, ella sufrió VIOLENCIA FÍSICA y VIOLENCIA PSICOLÓGICA que la condicionaron a una posición de vasallaje y alienación frente a su expareja, a quién obedecía ciegamente asumiéndolo en una posición de amo. Este agresor es un psicópata de estructura perversa y rasgos narcisistas y megalomaníacos de personalidad que carece de todo rasgo de empatía, compasión o consideración por el otro, cree honestamente que su función en el mundo es la de coleccionar lo que él llama “animales de granja” que en realidad son mujeres, a quienes convierte en objetos, cosificándolas para “educarlas”, someterlas, alienarlas y poseerlas como objetos que apuntalan su poder.
Lamentablemente este tipo de violencia en nuestro país es normalizado puesto que la mayor parte de mujeres ha sufrido algún tipo de violencia y por tanto la sociedad ha intentado invisibilizar a las victimas llegando a revictimizarlas culpándoles de la agresión. Esta concepción machista, misógina y cruel de la mujer como objeto, como posesión, como una cosa que se puede usar, abusar o destruir al antojo del amo, hace que los agresores piensen que tienen derecho a agredir a sus parejas, con el pretexto de educarlas, entrenarlas, disciplinarlas o corregirlas incluso justificando la agresión alegando que lo hacen por su propio bien, esta aberración del constructo de amor viene de los lenguajes de crueldad que hacen que la violencia sea transversal a nuestra cultura, y deviene en que el mal llamado concepto de amor se asimile al sometimiento, la devoración del deseo, la dominación física y psicológica, la manipulación emocional, la alienación simbólica del otro y la invasión de la identidad hasta la destrucción de toda forma de alteridad.
PROGNOSIS DEL CASO:
Silvya es una de las pocas mujeres que sobrevivieron un intento de FEMICIDIO y luego de un proceso exhaustivo de psicoanálisis, Silvya ha logrado romper la dependencia tóxica que tenía con Alonzo, ya no está enamorada de su agresor y reconoce que fue víctima de VIOLENCIA DE GÉNERO.
Las consecuencias de la VIOLENCIA DE GÉNERO la llevaron a configurar un cuadro de DEPRESIÓN, ha sufido ANSIEDAD, INSOMNIO, ESTRÉS y ha tenido CRISIS DE PÁNICO.
Al momento el proceso de interconsulta ha establecido un protocolo de tratamiento famacológico y en la terapia se está trabajando para fortalecer su autoestima, recuperar su autoimagen y romper los patrones disfuncionales que la llevaron a la situación de maltrato.
Aunque aún queda mucho por trabajar y el análisis está apenas empezando, Silvya ya ha cortado todo vínculo con su agresor y ha puesto límites para protegerse de los intentos de manipulación de Alonzo, ya no pregunta si “Alonzo va a volver”, porque sabe que intentará volver someterla o reanudar su relación para agredirla y probablemente volver a intentar asesinarla. Sin embargo, aún no siente que está lista para poner una denuncia.

Deja un comentario